El politeísmo en la Biblia Hebrea

May 31, 2026 | Blog

Ramy Wurgaft *

INTRODUCCIÓN

En el artículo anterior veíamos como la arqueología ha probado con evidencias tangibles que el politeísmo era moneda corriente en el Antiguo Israel, cuando menos entre los siglos XII aC y VI aC. En este artículo veremos cómo incluso en Biblia misma el politeísmo comparece como una práctica habitual, a pesar de las tronantes admoniciones y las catástrofes que YHWH -el único dios a quien se le debía lealtad- descargaba una y otra vez sobre su pueblo. Aquel pueblo “duro de cerviz” que no terminaba de escarmentar. Más bien perseveraba, obstinadamente, en aquello que el sacerdocio del Templo junto con redactores y editores de la Biblia -el orden establecido yahavista- consideraba como apostasía.

LA BIBLIA EN BREVE

La Biblia Hebrea o Tanaj consta de tres secciones principales: Torá (Instrucción o Ley); Nevi’im (Profetas) y Ktuvim (Escritos). Las secciones se dividen en 64 libros o capítulos. De acuerdo con los estudiosos bíblicos, las diferentes tradiciones que constituyeron la Biblia fueron puestas por escrito a partir del siglo VIII aC. ¿Dónde? los estudiosos coinciden en que una parte sustancial fue recopilada, redactada y editada en Jerusalén, capital del sureño Reino de Judá.

La Biblia contiene una variedad de géneros literarios y temáticos; el género Legislativo/Ritualístico; el Poético; el Profético, el Sapiencial.

Por último, el género Histórico/Narrativo que tiene especial relevancia para el tema que nos ocupa, pues dentro de su alcance observamos el contraste entre el yahavismo puro que profesa e intenta imponer la élite sacerdotal y el culto politeísta del pueblo llano. Pero no sólo de la plebe, ya que en ocasiones los monarcas también tropiezan con la piedra idolátrica.  

El género Histórico se manifiesta en la sección de Profetas, concretamente en los libros de Josué, Jueces, Samuel 1 y Samuel 2, Reyes 1 y Reyes 2.

El alemán Julius Wellhausen, teólogo y orientalista del siglo XIX, fue de los primeros en estudiar los textos históricos de manera analítica, en lo que se conoce como crítica bíblica. Al aplicar este método observó que existe un contraste entre la ideología/teología oficial según la cual los antiguos hebreos eran monoteístas medulares -fieles a YHWH- y entre la inusitada recurrencia con que contraían el “virus” del politeísmo. Léase, la adoración del Baal, el belicoso dios cananeo-fenicio de las Tormentas y de la Asherá, la diosa cananea-fenicia de la Fertilidad y consorte de El, dios supremo de aquel panteón. 

EL CICLO DE LA TRANSGRESIÓN, EL CASTIGO Y LA REDENCIÓN

Entonces, ¿cuál era la norma cúltica entre los hebreos y cuál era la excepción? ¿El yahavismo o el paganismo? Julius Wellhausen tomó como caso de estudio el Libro de Jueces, donde descubrió un patrón que él mismo denominó como el ciclo de Transgresión-Castigo- Redención. Conviene saber que, en la etapa pre-monárquica, los jueces cumplían un doble papel: dirimían los pleitos de la gente y acaudillaban a su tribu o a una coalición de tribus frente al enemigo.

 Para ilustrar el esquema que propone el investigador alemán citaremos el Libro de Jueces capítulo III: 7-11. “Y los hijos de Israel hicieron lo que era malo a los ojos de YHWH y abandonaron a su Dios el Eterno, y sirvieron a los Baales y a las Asheras”. Se entiende que el principio activo del Baal y de la Asherá es uno solo pero tiene múltiples representaciones, de ahí el uso del plural. Hasta aquí llega la etapa de la Transgresión. Y la siguiente del Castigo no tarda en aparecer. “Por tanto, encendióse la ira de YHWH contra Israel y los entregó en manos de Chushán Rishatayim rey de Aram (…)”.  Finalmente, sobreviene la tan anhelada Redención. “Y cuando los hijos de Israel se quejaron a YHWH, el Eterno designó un salvador para los hijos de Israel que los salvó: Otniel, hijo de Quenaz (…) Y el espíritu de YHWH vino sobre él (Otniel) que juzgó a Israel y salió a la guerra y YHWH entregó a Chushán Rishatayim, rey de Aram en su mano (…)”.

Posteriormente se abre lo que, parafraseando a Wellhausen, se puede definir como un período de recapacitación en el cual el pueblo vuelve al redil. Pero hete aquí que al cabo de pocas décadas, con la catástrofe todavía palpitante en la memoria, los hebreos vuelven a sus andanzas. Nuevamente hacen “lo que es malo a los ojos de YHWH” quien esta vez los entrega a manos de una alianza que comprende a los reyes de Moab, de Ammón y de Amalec. Sólo tras el clamor y la aflicción profunda del pueblo, YHWH se aviene a designarles a un nuevo salvador; en esta ocasión a Ehud Ben Guerá.

El mismo ciclo redunda en seis episodios consecutivos, sólo con diferentes opresores y diferentes jueces redentores. De esta repetición esquemática, Wellhausen concluyó que en el Antiguo Israel prevalecía el politeísmo y que la llamada “rebeldía del pueblo contra YHWH” no respondía a otro criterio que el ulterior de los editores yahavistas del Tanaj.  

Una de las grandes virtudes de la Biblia hebrea, mérito atribuible a sus escribas y editores, es que no omite aquellos episodios que por su politeísmo rampante plantean un desafío a la autoridad de YHWH y del sacerdocio que le sirve. ¿No hubiera resultado más fácil suprimir del todo esos manchones? Quizás. Pero los autores del Tanaj se tomaron el trabajo (de hormigas) de reinterpretar cada episodio de politeísmo  –y mira que los había-  como un acto aislado de deslealtad hacia YHWH. Una claudicación momentánea a las perversas tentaciones de la idolatría.  

Ya que mencionamos al Éxodo, evento fundacional del pueblo de Israel, uno de los episodios más dramáticos ocurre, precisamente, en el Libro del Éxodo, capítulo XXXII: 1-6 cuando el pueblo entrega sus arillos de oro a Aharón (hermano de Moisés y primer Sumo Sacerdote) para que éste fabricara un becerro de fundición. En aquella ocasión el pueblo, enardecido, exclama: “estos son tus dioses oh Israel que te hicieron subir de la tierra de Egipto”. ¿Y qué era aquel becerro aurífero -más bien un toro- sino la representación clásica del dios Baal, ante el cual se postraron los fugitivos del Faraón y más tarde sus descendientes?

Según la tradición judía, la salida de Egipto ocurrió en cerca del año 1313 aC. Increíblemente, casi 4 siglos más tarde sobreviene un suceso idéntico al del becerro de oro del Éxodo. El Libro Primero de Reyes capítulo XIII:  28-33 cuenta que tras el cisma que llevó a la separación del Reino Unificado en el año 930 aC, Jeroboam, quien se proclamó monarca del norteño Reino de Israel, hizo dos becerros de oro y luego de apostar uno en la localidad de Bet El y el otro en localidad de Dan, proclamó ante sus súbditos: Basta de subir a Jerusalén! (al Templo). He aquí vuestros dioses oh Israel que os trajeron de la tierra de Egipto”.

Más desconcertante aún es que la efigie del Toro, quintaesencia del Baal, volviera a aparecer con total desparpajo, nada menos que en el Templo de Salomón construido en en el año 960 aC para servir de morada a YHWH. En Libro Primero de Reyes, capítulo VIII: 23-26 aparece una descripción del Mar de Bronce. Se trataba de una gran cuenca de bronce, emplazada en el patio del Templo, en la cual los sacerdotes realizaban sus abluciones. Pues bien, la cuenca se asentaba sobre lo que el texto señala como doce cabezas de ganado; la traducción al español describe al mismo pedestal como formado por doce bueyes. Dos eufemismos suaves para referirse a la perenne aparición del toro baalístico en los lugares menos esperados. Pero aún si se tratara de una representación cualquiera y no la de aquel dios pagano, la mera presencia de efigies infringía uno de los mandamientos fundamentales de YHWH; como el que decreta el Libro del Levítico, capítulo  XXVI: 1-2: “No haréis para vosotros ídolos ni imágenes grabadas o esculpidas, ni erigiréis monumentos (idolátricos) ni piedras esculpidas para postraros antes ellas, por cuanto vuestro Dios soy yo, YHWH.”

El aporte de los estudios bíblicos; la teología, la historia, la lingüística y en otro plano la arqueología, ha sido indispensable para el entendimiento de la Biblia hebrea, desde una perspectiva secular. Aunque mediante una lectura reposada y meticulosa, incluso el lector lego puede detectar la presencia intrusiva del politeísmo dentro una obra concebida para la exaltar la grandeza de YHWH y su predominio sobre las divinidades paganes o ”aberraciones” como las tilda la Biblia. En ocasiones, incluso pareciera que ciertos contenidos idolátricos han “entrado de contrabando” en el texto, burlando el escrutinio de los censores yahavistas.

UN PROFETA DE YHWH INCURRE EN PRÁCTICAS PAGANAS

El Libro Primero de Samuel, en los capítulos IX y X describe como Saúl llegó a ser ungido como primer monarca de Israel. El relato cuenta que Saúl había salido en busca de unas asnas que se le habían extraviado a su padre. Como la búsqueda se prolongará, su siervo le recomienda acudir a “un hombre de Dios”, allí cerca, que de seguro ha de conocer el paradero de las asnas. Aquel hombre es Samuel, quien aparece en la Biblia no como un mero sacerdote sino como un verdadero “confidente” de YHWH. Y aquí viene la parte que desconcierta por su heterodoxia: unas muchachas indican a Saúl que “el vidente se encuentra en lo alto (se entiende que en la cima de una colina) oficiando un sacrificio”. Hete aquí un párrafo colmado de paganismo. Para empezar, vidente era el término que empleaban los pueblos paganos para designar a quienes emitían oráculos. Luego, era costumbre pagana la de ofrecer sacrificios al Baal y a la Asherá en lugares elevados, por lo común en lo alto de una colina. Por algo es que YHWH recrimina al pueblo (por medio de sus profetas) por “prostituirse al Baal y a la Asherá en cada colina y bajo cada árbol frondoso”.

Rafael ungiendo a Samuel como rey de Israel y Judá
Rafael ungiendo a Samuel como rey de Israel y Judá

Sin embargo, los puntillosos editores de la Biblia ignoraron  -por la razón que fuera- la flagrante infracción idólatra que ha cometido Samuel al realizar un sacrificio en la cima de una colina.  Y aquí no acaba la historia, pues después de haberlo ungido rey, el sacerdote instruye a Saúl para que se dirija a Gabaa (una ciudad) donde encontraría a “un grupo de profetas bajando del alto (….) y estarán profetizando. Y el espíritu de YHWH vendrá poderosamente sobre tí (Saúl), y profetizaras con ellos y te tornarás en otro hombre”.  El misterioso efluvio pagano que exuda este párrafo debería poner los pelos de punta a cualquier devoto que se precie de tal. Sin embargo, no sólo que Samuel sale librado de la ira de YHWH: hasta el día de hoy el judaísmo ortodoxo ve en el sacerdote a uno de los más grandes profetas de Dios, a la misma altura que los bendecidos Moisés y Aharón.    

EL POLITEÍSMO DE LA REALEZA

La crónica del politeísmo infiltrado en la Biblia, ¿burlando el escrutinio de los editores del texto? nos instala en el Libro Primero de Samuel, capítulo XIX: 13-16, que relata un episodio de la obsesiva persecución que emprende el rey Saúl contra David y de como éste, su sucesor a futuro, logra escapar por un pelo. Dice así: “Y tomó Mijal (hija de Saúl y mujer de David) los terafim (ídolos domésticos) y metió uno de ellos en la cama, y le puso en la cabecera una almohada de pelo de cabra, y lo cubrió con una manta”. Con esta treta, Mijal consigue burlar a los perseguidores de David simulando que es su marido  quien yace enfermo en la cama. Pero… ¿ídolos domésticos en la morada de David, el futuro rey, elegido por el propio YHWH para reemplazar a Saúl? ¿Ídolos en casa de David, considerado en la Biblia como precursor del Mesías?

Aquí Saúl "profetiza" (ceremonia pagana) por indicación del Sacerdote Samuel (hombre de YHWH)
Aquí Saúl «profetiza» (ceremonia pagana) por indicación del Sacerdote Samuel (hombre de YHWH)

Nuevamente en el Libro Primero de Samuel, capítulo XXVIII: 3-14, nos enteramos de que Saúl, en la desesperación de sus últimos días, acude a una pitonisa para que le convoque al espíritu del ya fallecido Samuel. El rey se presenta de incógnito pues él mismo había prohibido la nigromancia, so pena de muerte. Es más, el Libro del Levítico decreta que la condena de toda hechicera -las pitonisas entraban en esa categoría- es morir lapidada o en la hoguera. Cuando la mujer descubre su verdadera identidad, Saúl le promete que ningún mal caerá sobre ella. En todo caso, lejos de compadecerse del abatido monarca, el espíritu de Samuel le anticipa que al día siguiente él, Saúl, y tres de sus hijos han de morir combatiendo a los filisteos en el Monte de Guilboa.

EL PAGANISMO EN TEÓNIMOS Y EN NOMBRES TEOFÓRICOS

En la misma línea que hemos trazado hasta este punto, resulta igualmente llamativa la aparición de teónimos que incorporan el elemento Baal, dentro del reino de Judá. Es decir, en un territorio que YHWH entregó por heredad a los hebreos pero del cual el propio YHWH sigue siendo el amo absolutoAsí por ejemplo, el Libro Segundo de Samuel, capítulo VI: 1-3 dice: “Y levantóse David y fue con toda la gente que estaba con él, desde Baalei Yehuda para traer desde allí el Arca de Dios, la cual es llamada del Nombre, o sea del Nombre de YHWH de los ejércitos que habita entre querubines”. Ahora bien…cómo se entiende que el Arca de Dios (el Arca de la Alianza), recipiente sagrado para las Tablas de la Ley y trono terrenal de Dios (antes de que se construyera el Templo) se encontrase en un lugar denominado Baal Yehuda, es decir, el Baal de Yehudá (Judá). Luego, el Libro Segundo de Samuel, capítulo V: 20-21 dice: “Y vino David a Baal Pratzim y David los hirió allí (a los filisteos), y dijo YHWH ha destruido a mis enemigos ante mí, como la ruptura de las aguas”. Por eso ese lugar fue llamado Baal Pratzim (el dueño de las rupturas)”. Aquí el editor bíblico del capítulo se empeña en dar un significado inofensivo -dueño de las rupturas- a aquel lugar. Pero, indudablemente, para los contemporáneos de aquel suceso la connotación era otra:  la del Señor (aludiendo al dios Baal) de las Rupturas. Según los biblistas, el sitio de Baal Pratzim correspondía al sector de Emek Refaim, parte integral del Reino de Judá. Hoy en día, el nombre de una calle en la moderna Jerusalén.

Suman y siguen los teónimos, siempre en el Libro Segundo de Samuel, capítulo XIII:23 encontramos a Absalón (Abshalón) el hijo rebelde del rey David, esquilando sus ovejas en Baal Hatzor, que está junto a Efraim. Vale decir, en un territorio en el límite del Reino de Juda con el Reino de Israel.

La cuenca de bronce del templo de Salomón, donde los sacerdotes hacían abluciones. El pilar de la cuenca son 12 toros, símbolo del dios Baal
La cuenca de bronce del templo de Salomón, donde los sacerdotes hacían abluciones. El pilar de la cuenca son 12 toros, símbolo del dios Baal

En cuanto a los nombres teofóricos, en el Libro Segundo de Samuel capítulo II: 8, encontramos a Avner, comandante de los ejércitos del ya difunto rey Saúl, coronando rey de Israel a Ishbaal  -Hombre del Baal-  el único de los hijos del malogrado Saúl que no sucumbió en la batalla del Monte Guilboa. Sólo que en vez de mencionarlo por su nombre, el editor de este capítulo lo llama, peyorativamente, Ishboshet que significa Hombre del Oprobio. Lo mismo sucede con Meriv-Baal -el que combate al Baal- hijo de Jonatán y nieto de Saúl, a quien el editor del apartado en cuestión le cuelga el parónimo despectivo de Mefiboshet. 

CONCLUSIÓN

El politeísmo de los hebreos comienza a decaer tras la gran reforma religiosa y política que promueve el rey Josías (640 aC -609aC). Bajo sus auspicios, el Supremo Sacerdote Hilkiá y el escriba Shafán redactan el Deuteronomio -en griego, la Segunda Ley- que viene a reforzar los mandamientos de la Ley Mosaica añadiendo un artículo que sólo permite adorar a YHWH en el Templo de Jerusalén, suprimiendo del tal manera los santuarios dispersos por el territorio de Judá, propensos al paganismo. Para entonces el Reino de Israel, avasallado por Asiria en el 722 aC, ha dejado de existir como entidad soberana. La centralización del culto y con él la autoridad política en torno a Josías, no logra mayores resultados. En cambio, la revisión y reedición de los libros históricos de la Biblia, imprime en ellos una huella profunda. Y en ese proceso queda establecido el dogma de que la adoración monoteísta de YHWH es la norma y el culto pagano, la excepción.

El politeísmo del Antiguo Israel desfallece durante el exilio de Babilonia (586 aC – 538 aC) y desaparece desde el reinado de los Hasmoneos (141 aC  – 63 aC) en adelante. 

* Ramy Wurgaft, ciudadano chileno-israelí, es Lic. en Relaciones Internacionales por la Universidad Hebrea de Jerusalén, periodista y conferencista, especializado en temas bíblicos y arqueológicos

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