Yojanán Ben Abraham *
La posmodernidad permite que alguien que estudie una enciclopedia de óptica nos ofrezca consejos sobre la retina, pero además en algunos casos puede que nos recomiende no ir al oculista. En otros más graves se ofrecerá incluso a operar: el oculista posmoderno no necesita títulos, solo necesita redes.
A nivel lingüístico, la posmodernidad se ha convertido en un bazar de discursos que se compran al por mayor y al por menor en redes sociales, donde surgen “entendidos” dispuestos a “anunciar que el feudalismo no existió porque la palabra feudal es posterior, o incluso que el Egipto histórico es un invento porque hace muchos siglos solo existían “habitantes de Xem” y la palabra Egipto no les sería conocida.
Derrida probablemente tampoco tiene mucha culpa de esto. El problema no es la deconstrucción académica, sino una versión popularizada de ella que ha acabado convirtiendo la historia en un juego lingüístico. Se toma el nombre de una realidad, se busca la fecha en que aparece el término y, a partir de ahí, se concluye que la realidad misma no existía antes. La lógica es siempre la misma: si una palabra surge en un momento determinado, entonces aquello que designa habría nacido también en ese momento.
Aplicado al judaísmo, el resultado es una tesis tan llamativa como errónea: la idea de que el judaísmo no existiría hasta Yavne, o incluso hasta la aparición relativamente tardía de determinados vocablos griegos o hebreos.
¿Qué tiene esto que ver con el judaísmo? Así, de entrada, no mucho. (Con la deconstrucción tampoco). Pero en esta misma onda -en el fondo antisemita- nos encontramos en las redes todo tipo de iluminados que hacen maravillas con el término “Iodaismo”. En el mejor de los casos, reconocen la existencia del judaísmo a partir del Libro de Esdras, en otros, solo existe a partir de Yavne. Lo demás ya lo conocemos: es doctrina teológica: Una teoría del reemplazo aún más atrevida, ya no es que Israel ya no es el pueblo judío, sino que según ellos nunca lo fue… los teólogos inquisitoriales del medievo estarían maravillados y agradecidos. Ellos son el nuevo Israel. Lo problemático de estas lecturas no es solo su debilidad histórica. Con frecuencia terminan alimentando viejos esquemas de sustitución teológica que han desempeñado un papel importante en la historia del antisemitismo cristiano.
Cuando pensamos en el “judaísmo”, tendemos a proyectar un modelo posterior al 70 e. c.: una red sinagogal consolidada, liturgia más uniforme, un canon más cerrado y una autoridad rabínica reconocible. Esa imagen es real, pero es el resultado de un proceso. Antes de Yavne ya existía un entramado religioso que permite hablar con propiedad de “judaísmo”: monoteísmo explícito, ley y prácticas distintivas, instituciones estables (Templo y sinagogas), literatura normativa con enseñanza pública y mecanismos de pertenencia por nacimiento y por incorporación.
En el plano terminológico, el hebreo yehudí nace como “judaita” (habitante de Judea), pero su alcance se amplía con el exilio y la diáspora: Mardoqueo (Mordejai), benjaminita residente en Persia, es llamado “ish yehudí” (Ester 2:5), lo que indica que el término ya trasciende lo tribal. En el griego del s. II a. e. c. aparece incluso el abstracto “ioudaismos” (2 Macabeos), en contraste con “helenismos”, señal de que ya se conceptualiza un “-ismo” normativo anterior al 70.
Monoteísmo articulado antes del 70
El monoteísmo judío no es una cristalización tardía. En el Deutero‑Isaías, compuesto durante el exilio, la confesión es tajante: “Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay Dios” (Is 45:5–6). La estructura catequética del Shemá (Dt 6:4–9) prescribe su recitación cotidiana, atar “estas palabras” como señal y enseñarlas a los hijos: una pedagogía monoteísta encarnada en la vida diaria.

En el s. I e. c., Filón de Alejandría describe comunidades que oran y estudian la Ley cada Shabbat, encuadrando filosóficamente la unicidad divina y su ética (De vita contemplativa; Legatio ad Gaium). Josefo, escribiendo tras la guerra, presenta la “ley de Moisés” como una politeia (constitución) teándrica que gobierna todas las esferas, desde el culto hasta la justicia, anclada en el Dios único (Contra Apión 2).
En conjunto, estas fuentes muestran un monoteísmo no solo confesado, sino practicado, enseñado y ritualizado antes del 70.
Ley y prácticas distintivas: circuncisión, kashrut, Shabat, festividades
La ley mosaica funciona como criterio de pertenencia ya en época persa. Nehemías 8 relata una lectura pública, con interpretación (“ponían el sentido”) que crea comprensión y compromiso; los capítulos Esd 9–10 y Neh 10, 13 muestran reformas sobre matrimonios mixtos, observancia del Shabat y deudas: la vida social se rehace bajo la Torá. En el siglo II a. e. c., 2 Macabeos narra la política seléucida de prohibición de circuncisión, Shabbat y dieta, y la respuesta de mártires que prefieren la muerte a violar kashrut (Eleazar, 2 Mac 6; la madre y los siete hermanos, 2 Mac 7).
Es en este contexto donde “ioudaismos “se opone a “helenismos”, no como etnónimo, sino como fidelidad a prácticas religiosas irrenunciables. La literatura de Qumrán (1QS, 4QMMT) añade detalles: normas de pureza, calendarios alternativos, reglas comunitarias y prescripciones festivas. La diversidad halájica evidencia que el debate versa sobre cómo cumplir la Ley, no sobre su obligatoriedad.
Instituciones previas al 70: Templo y sinagogas
El Segundo Templo (516 a. e. c.–70 e. c.) es el eje del culto sacrificial: turnos sacerdotales, ofrendas diarias, festivales de peregrinación (Pesaj, Shavuot, Sucot) ordenados en Dt 16 y narrados por Josefo como fenómenos de masas que atraen a la diáspora, lo que refuerza una identidad panjudía. Paralelamente, florece una red de sinagogas anterior al 70 que no depende del Templo: arqueología y textos atestiguan sinagogas en Delos (isla griega con comunidad judía helenística), Gamla (Golán) y Magdala (Galilea, sinagoga de fines del s. I a. e. c. con la célebre “Piedra de Magdala” con motivos del Templo). Filón describe la asamblea sabática para lectura y enseñanza; el mundo grecorromano ya percibe a los ioudaioi como un collegium con lugares de reunión. Esta doble infraestructura —santuario central y red local— configura una religión con centro litúrgico y capilaridad comunitaria antes de Yavne.

(Magdala), Galilea
Literatura normativa, exégesis y liturgia en funcionamiento
Aunque el canon no estaba “cerrado” en sentido posterior, operaba de facto: la Torá y los Profetas se leían públicamente (Neh 8), y textos como Ben Sira (s. II a. e. c.) y Jubileos reordenan la historia y la ley en clave normativa. En Qumrán, la Regla de la Comunidad (1QS) presenta una vida de oración, estudio y disciplina, con fórmulas litúrgicas; 4QMMT recoge “algunas obras de la Ley” (miqsat ma‘ase ha‑Torah), evidencia de cartas halájicas y consenso/disenso intercomunitario; los pesharim (comentarios) muestran exégesis aplicada a la vida. El Shemá (Dt 6) ya estructura una confesión diaria; el Hallel acompaña fiestas. Este ecosistema (texto, comentario, calendario, oración, escuela) indica una tradición que se transmite, se celebra y se regula, es decir, una religión viva previa al 70.
Mecanismos de pertenencia: nacimiento y conversión antes del 70
La pertenencia no es solo étnica. Ester 8:17 afirma que “muchos de los pueblos del país se hicieron judíos” (mityahadim), un verbo reflexivo que, según la discusión filológica reciente, denota hacerse/actuar como judío, con un horizonte de práctica y pertenencia adoptada; sea conversión plena o adhesión performativa, refleja la posibilidad de incorporación. En época hasmonea, Josefo relata la integración de idumeos e itureos mediante circuncisión y adopción de la Ley bajo Juan Hircano y sus sucesores: aun cuando mediara coerción política, la incorporación se articula por ritos y normas religiosas. En la diáspora del s. I, prosélitos y “temerosos de Dios” frecuentan sinagogas, como narran Filón y Josefo (y reflejan Hechos), categorías sociales estables de adherentes no nacidos como tales. Estos datos muestran que, antes de Yavne, “ser judío” podía adquirirse por adhesión a la Ley y la comunidad. Por cierto, atención que hay “youtuberos” que desconocen la judeidad de Josefo.
“Judeano” o “judío”: objeción y réplica
La objeción sostiene que, antes del 70 e. c., ioudaios debe traducirse como “judeano/judaíta” (adscripción geográfica/política) y no como “judío” (identidad religiosa), por lo que hablar de “judaísmo” sería anacrónico.
Esta cautela filológica, que tiene correlato en trabajos académicos (en inglés, re refieren a los judaites, en hebreo, yehudaim) tiene fundamento en algunos contextos grecorromanos: autores paganos del s. III–I a. e. c. pueden usar ioudaios para identificar procedencia territorial más que práctica religiosa.
Ahora bien, esta lectura no agota el uso antiguo.
En 2 Macabeos (s. II a. e. c.), el abstracto ioudaismos aparece varias veces como el polo opuesto de hellenismos, y la oposición no es geográfica, sino normativa: se prohíbe circuncidar, guardar el Shabat y observar kashrut; los relatos de martirio (2 Mac 6–7) muestran que lo que está en juego es la fidelidad a la Ley de Moisés, no la residencia en Judea.
En ese marco, “ioudaismos” designa un sistema de prácticas y lealtades religiosas por las que se vive y muere, razón por la cual buena parte de la investigación actual reconoce ahí un “-ismo” religioso-cultural anterior a Yavne. Véanse, por ejemplo, los análisis de “Judaism and Hellenism in 2 Maccabees” que discuten la semántica de ioudaismos en clave de observancia frente a asimilación, y discusiones filológicas recientes que exploran la evolución del término desde los Macabeos a época temprana imperial.
Además, cuando ampliamos el foco del léxico a la sociología religiosa, la objeción se debilita. Ya antes del 70 hay:
1) un santuario central con calendario festivo común (Dt 16; descrito por Josefo).
2) una red de sinagogas pre-70 en Judea y diáspora con lectura y enseñanza sabática (atestiguadas por Filón y por hallazgos en Delos, Gamla y Magdala).
3) Una ley practicada y disputada halájicamente (Esd–Neh; 1QS; 4QMMT).
4) Una liturgia en funcionamiento (Shemá; Hallel; plegarias qumránicas)
5) Mecanismos de incorporación (mityahadim en Est 8:17; prosélitos, idumeos e itureos incorporados bajo la Ley según Josefo). Este conjunto excede con creces un gentilicio político y cumple condiciones funcionales de una “religión” antes de Yavne.
El papel real de Yavne: estandarización, no génesis.
Con la destrucción del Templo (70 e. c.), la matriz sacrificial y el liderazgo sacerdotal pierden su eje institucional. La respuesta de Yavne, liderada por maestros fariseo‑rabínicos, no es crear una religión ex nihilo, sino tomar el acervo preexistente —monoteísmo, Ley, Escrituras, lectura pública, oración sinagogal— y estandarizarlo para una vida sin Templo. También tuvo una función claramente política, expulsar del judaísmo corrientes que empezaban a fraternizar con creyentes de origen pagano o que no comulgaran con la jerarquía interna, lo que si funda en todo caso es el judaísmo rabínico, reduciendo el pluralismo (saduceos, fariseos, esenios, judeo-mesiánicos) y generando una autoridad central apenas posible por la inevitable diáspora.
Esta interpretación es consistente con panoramas académicos de la Historia del Judaísmo del Segundo Templo.
Conclusión
Si adoptamos una definición funcional —monoteísmo bíblico articulado (Is 45; Dt 6), ley y prácticas distintivas vividas hasta el martirio (Esd–Neh; 2 Mac 6–7), instituciones duales (Templo y sinagogas pre‑70), literatura normativa con exégesis y liturgia (Qumrán, Ben Sira, Jubileos, lectura pública), y pertenencia por nacimiento y conversión (Est 8:17; prosélitos; idumeos/itureos)—, entonces podemos afirmar con fundamento que el “judaísmo” existe como sistema religioso siglos antes de Yavne. En ese marco, la controversia “ioudaios = judeano” ayuda a evitar anacronismos, pero no invalida el dato mayor: 2 Macabeos ya habla de ioudaismos frente a hellenismos, y el conjunto institucional y ritual visible en las fuentes pre‑70 configura una religión en toda regla.
El antisemitismo adopta muchas formas. Algunas son políticas, otras religiosas, otras culturales. También existen formas filológicas: borrar la historia judía para apropiarse de ella. Pero hay más…
En un próximo artículo ampliaremos.
* Doctor en Filosofía. Abogado. Residente en Madrid, es activista contra el Antisemitismo.


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