Por Francisco J. Figueroa Weitzman
Con este artículo iniciamos la serie de entregas de artículos «Pensamientos diversos y dispersos» dedicados a la cultura judía de Francisco J. Figueroa Weitzman
Buscando alternativas de nuevas lecturas para este verano encontré en la biblioteca de mi barrio, “¿Por qué escribir? de Philip Roth”
Ya había leído a este autor pero no precisamente este libro, que es una recopilación de ensayos, discursos y entrevistas.
El propósito y lo que le da el título a esta publicación, fue confirmar que tanto o tan poco se identificó Philip Roth con su judaísmo. La constatación no fue simple, porque a ratos parece ser que su identidad judía fue débil y que no le interesaba demasiado, pero en su misma obra literaria y en algunas declaraciones, reflexiones y a quienes buscó para conversar se vislumbra la fuerza de esa identidad. La conclusión, que adelanto, es que fue un hombre que luchó intensamente por su libertad creativa, su libertad como escritor más allá de cualquier otra identificación y al mismo tiempo defendió y se plegó en diferentes grados a su identidad estadounidense y judía. El pulso entre esas tres identidades es lo que se revela a continuación.
SOBRE LAS ENTREVISTAS QUE LE HICIERON
En estas, Roth se refiere “in extenso” a su labor literaria, a su judaísmo como pertenencia de sangre más que como creencia, el cómo “ser judío” afectó (o no) su obra y libertad intelectual; las reacciones y críticas, muchas adversas, de la comunidad judía, especialmente de religiosos de Estados Unidos, ante sus historias y personajes.
Pero estas semblanzas, recuerdos y opiniones, que este prestigioso escritor y académico fallecido hace menos de 10 años expuso en las entrevistas que le hicieron diferentes medios de todo el mundo, podrían definirse como predecibles.
Predecibles porque Philip Roth, un escritor de la segunda mitad del siglo pasado, que trabajó en los ambientes de vanguardia del momento (Nueva York, Londres), viajando además bastante por otros países y radicando parte del tiempo en algunos de estos, es decir, con un conocimiento de otras culturas y otros modos de escribir, es normal que “matizara” su judaísmo con muchas otras facetas personales. Podría entonces pensarse que ser judío era un rasgo de identidad más en una personalidad cultivada, con riqueza de matices y amplitud de miras. Sin embargo no fue un rasgo de identidad más, fue algo determinante en su recorrido vital y artístico, a pesar de en cierta forma diluirse en las demás características y en el propio discurso del autor.
Los periodistas que lo entrevistaron se enfocaron por supuesto en su obra, sin embargo no podían obviar el tema del judaísmo del autor, tanto en cómo este influyó en sus novelas, en las historias de estas, como en su vida personal y la visión sobre su identidad.
Un ejemplo de lo anterior a continuación:
Cynthia Haven lo entrevista para el evento “Otra mirada” de la Universidad de Stanford.
Le dice textualmente Haven, “muchos le consideran el más preeminente escritor judío americano. No obstante usted mencionó que el epíteto judío americano no significa nada, rematando con si no soy americano no soy nada….”
Roth le responde que la descripción de “escritor judío americano” es inexacta. Luego se extiende en la idea primero sobre su oficio, es decir, que un escritor trabaja con las palabras y lo hace en el idioma que domina que en su caso es el inglés (no hebreo o yiddish). En seguida, habla sobre la existencia de varias generaciones de su familia en Estados Unidos, más de 120 años y que por lo tanto su identidad es estadounidense. Pero en otra parte de esta entrevista, cuando conversan sobre el libro “La visita al maestro” en el que aparece de cierto modo el personaje de Ana Frank, dice en una parte Roth explicando esta novela “... no quería adueñarme de Ana Frank y asumir una responsabilidad tan grande…. su historia, que tanta importancia tuvo para la gente, sobre todo para los judíos de mi, de su generación….”.
En otra entrevista que le hacen de “Paris Review”, la periodista le pregunta sobre la reiteración en muchas de sus obras de la lucha con lo judío y la crítica judía. Roth le responde que el carácter judío de sus libros no radica en el tema. Por ejemplo, citando su novela “La lección de anatomía”, dice: “hay cierta clase de sensibilidad; el nerviosismo, la excitación, la discusión, la dramatización, la indignación, la obsesión, la susceptibilidad, la actuación y por encima de todo el habla, el habla y los gritos, los judíos hablan y hablan. Un libro es judío no por el contenido, sino porque el libro no se calla, no te deja en paz, no te suelta… ”.
En estas conversaciones con distintos periodistas, se va observando la tensión del autor con su identidad judía y el cómo ésta convivió con sus otras identidades. Hay un continuo negar y afirmar, un choque, en esa parte de él.
SOBRE LAS ENTREVISTAS QUE ROTH REALIZÓ
En las entrevistas que Roth realizó a otros intelectuales judíos de distintas nacionalidades, diría que una clave que define estas conversaciones es la colocación del tema judío, de la sensibilidad y sentido de pertenencia judío, al mismo nivel que el debate puramente literario.
En otras palabras, Roth en su papel de entrevistador, hace preguntas que inquieren más profundamente en el ser judío.
He tomado partes de dos de estas entrevistas. Las que le hizo al escritor judío italiano Primo Levi y al escritor israelí rumano Aharon Appelfeld. Ambos intelectuales fueron sobrevivientes de la Shoah y cuentan en estas entrevistas partes de esa experiencia, hablan de su vida y por supuesto sobre literatura y lenguaje. Lo más interesante y el punto que me importaba recalcar en esta selección, no son tanto las respuestas sino las preguntas, aclaraciones y conclusiones que emite Roth y que van mostrando entonces su grado de interés en la podríamos llamarla “experiencia judía”. También extraje algunas reflexiones de otros dos intelectuales judíos, Viktor Frankl y Elie Wiesel, quienes también sobrevivieron al holocausto. En las mismas, quedan patentes algunas similitudes en su línea de pensamiento y experiencia vital con las de Levi y Appelfeld. La conclusión si juntamos a los cuatro más Roth, es poder constatar la sensibilidad y experiencia judía como un todo continuo, coherente y de una gran fuerza emocional. Roth, de otra época y en otro ambiente, sin embargo va mostrando también su vínculo con esa experiencia.
Primo Levi. Este escritor y químico italiano, autor entre otros títulos de “Si esto es un hombre”, dialoga con Roth sobre su experiencia como prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, sobre sus dos profesiones y sobre lo que ha significado el trabajo en su vida. Ser un hombre que trabaja es algo vital para él. Levi define mucha de su identidad respecto a su trabajo, al valor de ser alguien que hace algo, que se ocupa en algo útil. Recuerda con ironía en ese sentido la leyenda “Arbeit Macht Frei” (El trabajo hace libre) que los nazis colocaban en carteles a la entrada de los campos de concentración. En la mirada de Levi, esta frase era solo una horrible parodia del trabajo, el tipo de ocupación en los campos era una labor inútil y carente de sentido dice en una de sus respuestas. Se podría agregar que era además trabajo en regimen de esclavitud, de sometimiento y tortura, lo que le termina de quitar cualquier atisbo de valor.
Roth le pregunta refiriéndose a un capítulo del libro “Si esto es un hombre” sobre cómo sobrevivió al campo de concentración e infiere de inmediato una hipótesis. Dice Roth textualmente refiriéndose al Levi químico, alguien con un espíritu científico desarrollado. “Lo que me sorprendió entonces y a todo lo largo del libro fue hasta qué punto contribuyó el pensamiento a tu supervivencia, el pensamiento de una mente científica, práctica y humanitaria. Si sobreviviste no fue, al parecer, ni por la fuerza biológica ni por un golpe de suerte. Fue algo que tomaba raíz en tu carácter profesional. El hombre de precisión”
Si recordamos a Viktor Frankl, en “El hombre en busca de sentido” dijo algo muy parecido en cuanto su experiencia como psiquiatra en un campo de concentración, expresando que lo que lo salvó y a otros, aparte por supuesto del azar, fue el poseer una mente educada que le permitió utilizarla para no caer en la locura y la desesperación.
Aharon Appelfeld. En esta entrevista Roth va analizando la obra de este autor, preguntándole sobre varios de sus libros, estableciendo juntos similitudes literarias y espirituales con otros escritores especialmente con Franz Kafka. Appelfeld tiene una fascinante y dramática historia familiar. Prisionero siendo muy niño en un campo de concentración nazi, escapó del mismo cuando tenía 8 años sobreviviendo solo en los bosques durante mucho tiempo.
Esa experiencia traumática y definitiva para cualquier ser humano Roth la interpreta definiendo a Appelfeld como un escritor del desplazamiento, es decir, de historias que están a medio camino entre un inicio y la concreción, la narrativa de alguien con una herida profunda, situada en algún punto entre la amnesia y la memoria.

Appelfeld, respondiendo a Roth cuando este lo inquiere sobre por qué no dejó ciertos hechos de su historia fuera de la novela o sea de la ficción, para contarlos tal como sucedieron, como lo hizo Primo Levi sobre su encierro en Auschwitz, dice que nunca ha escrito las cosas tal como sucedieron porque los recuerdos están teñidos por el tiempo y porque la realidad siempre es más fuerte, increíble, inexplicable, que lo que puede producir la imaginación.
Pero Appelfeld dice algo más que queda dando vueltas, que la realidad del holocausto superó toda imaginación. Si se atuviera a los hechos nadie le creería.
Elie Wiesel expresó la misma línea de pensamiento. Decía, refiriéndose a su experiencia en los campos de concentración, que en cierto grado era imposible relatar lo acontecido en estos, que las palabras no alcanzaban para poder describir el horror vivido. Y que por lo mismo, ese horror, esa parte de la historia quedaría sepultada en la memoria de cada víctima, nada más.
Cuando hablan de la vida en Israel centrándose en el lenguaje como la herramienta de un escritor, Appelfeld le cuenta a Roth de cómo aprendió hebreo una vez que llegó de Europa siendo adolescente y con varios otros idiomas en su acervo.
Dice Appelfeld que el hebreo es una lengua difícil, ascética, severa. Fue sin embargo y debido a estas características un idioma que le enseñó a pensar, a ser ahorrativo con las palabras, a no usar demasiados adjetivos, a no intervenir ni interpretar en exceso.
Roth y Appelfeld continúan hablando de Israel, el judaísmo, las realidades políticas,
espirituales y culturales, y uno va descubriendo entonces en Roth una faceta diferente, la de alguien con un interés profundo por el sentir judío, su devenir, me da la impresión que en estas entrevistas cada pregunta era también una pregunta a si mismo. Y hay pocas cosas tan judías como esto, ese constante inquirir, a los otros pero también sobre uno.
ROTH SOBRE PHILIP ROTH
Aunque muchas de las obras de Philip Roth son historias sobre ambientes judíos y donde el protagonista es judío, el autor siempre dejó en claro que era ficción (entendiendo que la misma se nutre también de la realidad) y negando por lo mismo que alguna de ellas fuera autobiográfica. Pero más allá de esto y más importante creo, es que cuando hablamos de la sensibilidad judía nos referimos a una forma de experimentar la realidad, un modo de ser. Es decir, se puede tener una identidad judía fuerte aún sin quererlo o darse cuenta.
Pienso que Philip Roth fue de este tipo. Él siempre dejó claro que lo relevante era su libertad intelectual, creativa, por sobre cualquier compromiso con una historia familiar o comunitaria. Lo interesante de esto es que precisamente por esa mirada y toma de posición o más bien a pesar de esta, Roth fue un escritor en el cual el sello de la identidad judía fue al final algo evidente.

En uno de los capítulos de este libro dijo textualmente “Un judío de Newark (ciudad del Estado de Nueva Jersey donde el escritor nació), ¿por qué no? Pero ¿un judío estadounidense?, ¿un estadounidense judío?. Para mi generación nacida en el país, que vivió con el espectáculo omnipresente de las diversas fortunas de Estados Unidos en una prolongada guerra global contra el mal totalitario y que llegó a la mayoría de edad y maduró, en la escuela secundaria y en la universidad durante la notable transformación de la década posterior a la guerra y el alarmante inicio de la guerra fría, ninguna etiqueta tan limitada podía compararse con nuestra vivencia de crecer como norteamericanos, con todo lo que eso significa, para bien y para mal. Jamás me he considerado, en una sola frase, un judío estadounidense o un estadounidense judío, más de lo que imagino que Dreiser, Hemingway o Cheever se consideraron mientras trabajaban estadounidenses cristianos o cristianos estadounidenses o sencillamente escritores cristianos. Como novelista me considero y me he considerado desde el principio un estadounidense libre, aunque apenas consciente de los prejuicios generales que perduraron hasta hace muy poco contra los míos”.
Sin duda una poderosa declaración de identidad la de Roth con su país de nacimiento, pero al mismo tiempo con más de una lectura. Porque la idea misma planteada por el autor, ese diálogo interior en permanente conflicto o evolución, no habla acaso por sí solo de que la identidad judía siempre estuvo presente, tan fuerte, que fue necesario para él separarla toda su vida del que consideró siempre su más poderoso rasgo identitario nacional, su pertenencia a Estados Unidos. Porque sin embargo, sus principales novelas fueron sobre historias y personajes judíos, no sobre otras comunidades norteamericanas. Y dice además en el párrafo anterior, “Como novelista me considero y me he considerado desde el principio un estadounidense libre, aunque apenas consciente de los prejuicios generales que perduraron hasta hace muy poco contra los míos..”, es decir, no como persona, sino como escritor es donde hace hincapié en su identidad estadounidense más que judía y por otro lado, a que se refiere con los prejuicios en contra de los suyos, uno imagina que se refiere a los judíos.
Dice Roth para cerrar su declaración “Irrefutablemente estadounidense, vinculado toda mi vida al momento norteamericano, bajo el hechizo del pasado del país, partícipe de su tragedia y su destino y que escribe en la rica lengua materna que me posee”.
Philip Roth, que nos relató en muchas de sus historias sobre gentes y ambientes judíos, sobre sus dilemas y contradicciones, desde la ficción por supuesto, con ironía, mucha imaginación y desenfado. Que también fue capaz de ahondar en la identidad y experiencias de otros intelectuales judíos, de preguntarles sobre el holocausto, las persecuciones, horror y tragedias vividas y presenciadas. Que también abarcó el lenguaje, la herramienta esencial del escritor y en particular el yiddish y hebreo como señales de pertenencia de los escritores con quienes conversó, muchos de ellos sus amigos. Que habló además de la historia presente de Israel, de sionismo y de las complejidades que han atravesado la historia del Estado judío. Que se dio tiempo para entender y definir el profundo sentimiento de desarraigo y desplazamiento en algunos de estos intelectuales, que perdieron en la Shoah no solo seres queridos, sino su tierra, cultura e idioma para tener que partir nuevamente desde cero. ¿No es acaso todo esto una señal de una sensibilidad fina por la propia historia judía, un entendimiento que va más allá de las palabras sobre su ascendencia, lo que Philip Roth expuso en sus obras literarias, la academia e iniciativas periodísticas?
La tensión constante de las diversas identidades de Philip Roth como escritor, judío y estadounidense son evidentes. Pero las contradicciones que eso generó no apaga ninguna de ellas, al contrario, si estuvieron tan presentes en sus palabras, como escritor y persona, ya fuera para reafirmarlas o para criticarlas, es porque todas fueron importantes. Yo pienso que es así.


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